Ética de la profesión docente
La
sociedad valora al maestro desde los mismos parámetros que él suscita y propone
como procesos y estructuras de formación de los sujetos y los reconoce como
maestro en tanto representa y expresa los valores socialmente reconocidos en el
espacio de su propia práctica educativa.
Por su parte el maestro se confronta con una
dualidad, la de educar como un acto de conducir a los sujetos a su propio marco
de sujeción y la de convocar al mismo sujeto a su afirmación como ser libre y
emancipado, esta última convocatoria es pedagógica, trasciende la naturaleza
empírica de las conductas.
La
relación entre educación y pedagogía establece la tensión de la práctica
profesional del docente. La primera inducirá los procesos de sujeción que
permitan el desarrollo personal y grupal de los individuos como actores
sociales y la segunda inducirá la conciencia emancipadora que reclama para la
condición humana el profundo sentido de la libertad personal y social.
Todas
las profesiones implican una ética, puesto que siempre se relacionan de una
forma u otra con otros seres humanos; unas de manera indirecta, que son las
actividades que tienen que ver con objetos, y otras, de manera directa con los
seres humanos, como son los casos de educadores, periodistas, psicólogos,
médicos, abogados, contadores, etc.
Para estos últimos son más evidentes las
normas éticas de su profesión, puesto que deben tratar permanentemente con
personas en el transcurso del desempeño de su profesión.
Según
Escobar (1992) la ética nos ilustra acerca del porqué de la conducta moral y
los problemas que estudia son aquellos que se suscitan todos los días en la
vida cotidiana, en la labor escolar o en la actividad profesional.
La
función del maestro, tal como la conocemos hoy, no ha existido siempre.
Realmente los maestros, si bien desde antiguo han cumplido la misma función
sustantiva de transmitir la cultura heredada a las jóvenes generaciones, no
siempre lo han hecho en el marco de las mismas exigencias sociales, ni tampoco
han tenido siempre ante la sociedad la misma responsabilidad que hoy se les
exige.
En
la Antigüedad e inclusive en la Edad Media, el papel del maestro no tuvo la
misma claridad de definición que tendría en épocas posteriores. Se sabe que la
función de pedagogo no constituyó de por sí un oficio noble. Según Gabriel de
la Mora, un proverbio de la antigüedad latina decía: a aquel mortal que quieren
castigar los dioses, lo destinan a cuidar niños. La sociedad veía con lástima a
todo pupilero. Ejercían la pedagogía aquellos que fracasaban en repetidos
intentos de ser alguien, los ineptos para los oficios, los remansados por
inútiles” (1976: XXX).
La
educación en valores se ha venido discutiendo desde hace algunos años con
cierta insistencia. Esto se debe a varias razones, una de ellas es la
percepción casi generalizada de que hay una crisis de valores, se sostiene que
los niños y jóvenes carecen de los valores con los que algunas generaciones
anteriores fueron educadas.
La
educación es, en sí misma, un valor social, pero requiere realizarse fomentando
valores distintos a los dominantes de manera explícita, que sean acordes con
los requerimientos de los alumnos, así como con las demandas actuales de la
sociedad.
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