La educadora, mediadora entre el mundo y el niño
Karla Patricia
Meza Siqueiros
La misión de mediar entre el niño y el mundo, de manera
de permitir que el niño se integre en la educación. Esta integración, implica
para el educador hacerse responsable del uno y del otro, en cuanto a que su
tarea como mediador entre ambos (niño y mundo) va a determinar la manera cómo
éstos se relacionan. El educador es entonces un ser privilegiado en la construcción
no sólo de la cultura, sino, como consecuencia de ella, de la sociedad, de la
manera cómo sus alumnos ven al mundo, de las distintas perspectivas con que
interpretan a este mundo, a la sociedad y a su existencia social e individual
que otorgan un orden a su convivencia natural.
Las profesiones en su sustrato fundamental se supone deben
llenar necesidades sociales, por ende, tender hacia el bien de la comunidad sin
dejar de lado la realización personal. Aunque la profesión se ha configurado,
como prestadora de servicios, en la actualidad y para una sociedad que día a
día se torna más compleja y globalizada, la profesión interpretada como una
parcela especializada de conocimientos interesa más por la cantidad de saber
que se torna rentable que por la vocación misma.
No puede haber humanización sin una perspectiva integral
del sujeto, de ahí que, las instituciones educativas, en este caso, la
universidad, no deben prescindir de su finalidad propia, cual es, la formación
humanista. Educar, sin duda alguna, es humanizar, es creer y confiar en el ser
humano y estar dispuestos,
permanentemente, a engrandecer en todos, y en cada uno de nuestros alumnos, la
globalidad de sus posibilidades, es decir, a engrandecer en ellos el potencial
de inteligencia, de sensibilidad y solidaridad
que late en su humanidad. Si educar es humanizar, los educadores somos,
en realidad creadores de humanidad.
Ética
Algunos teóricos definen a la ética como una
ciencia, la ética es normativa, vinculante, obligatoria con las pautas
establecidas para la convivencia del
grupo humano. En tanto que, la ciencia es meramente descriptiva, explicativa,
es decir, que un biólogo, por ejemplo, no le dirá a un mono como debe
comportarse, simplemente describe su comportamiento y saca conclusiones
constatables bajo rigor científico.
Ética
y la Ética Profesional
Ética profesional o de una moral profesional,
o de valores éticos y morales, pero en la actualidad esos sentidos están
diferenciados. Hoy día se entiende a la moral como lo vivido y practicado por
una colectividad determinada, esto es, el hecho concreto. En la ética se
concibe como una reflexión teórica sobre la moral vivida y practicada. Así
definida, la moral sería el objeto de estudio de la ética. Por esta razón es
que ha de hablarse, según la diferenciación hecha, de valores morales y no de
valores éticos, para ser precisos. De igual manera, sería más conveniente
hablar de códigos de moral profesional que de códigos de ética profesional. Por
esta misma razón, la ética profesional no se reduce a la deontología, pues, en
su compromiso va más allá del mero cumplimiento de la norma que rige al gremio,
aunque lo implica. En síntesis, la ética general es aquella que se refiere a
los principios universales del actuar humano (valores, diferencia entre bien y
mal, libertad, responsabilidad, acto humano) Entonces ¿en qué se diferencia
esta ética general de la ética especial o profesional? La respuesta, sin lugar
a dudas, es que, la ética especial o moral profesional aplica los principios de
la ética general a situaciones particulares o coyunturales, según sean sus
coordenadas espacio temporales. Un ejemplo de ello puede ser el siguiente Hasta
mediados del siglo XX, era usual que los y las docentes aplicasen algún castigo
físico a sus estudiantes con el aval de los padres y madres de familia, es más,
hasta era bien visto por ellos El hecho de que él o la docente impusiesen su
autoridad con ese margen de rigor venía con su práctica docente. Hoy día, esa
conducta es moralmente sancionable e improcedente tanto humana como psicológica
y pedagógicamente. En este caso, tal y como se aprecia, la coyuntura ha
cambiado de forma notable, y las decisiones, en este aspecto, se ven
condicionadas por las circunstancias actuales. Sería conveniente preguntarse
por qué el castigo físico sigue siendo, en el plano general de la sociedad, y
no en el particular docente, una opción válida y casi irrenunciable de muchos
padres y madres de familia para educar a sus hijos e hijas. Si se relaciona el
decurso de acontecimientos cotidianos que demarcan nuestras vidas, con la
profesión que se haya elegido, se puede decir que nadie, por razones obvias, es
primero profesional que sujeto moral. Por ello, es que la moral vivida forma
parte habitual e irrecusable de nuestras actuaciones, en cualquier esfera
social en que nos encontremos. Se es profesional al ostentar - además del
conocimiento especializado para el ejercicio de la labor principios éticos que nos hacen ser personas
libres y responsables de nuestras acciones e imputables moralmente por ellas
desde una normativa codificada que compete al gremio al cual se pertenece. En
congruencia con lo anterior, se puede decir que la profesión como práctica
social, guarda un fundamento eminentemente iluminado por el bien común “El
código de moral profesional inmerso en el código moral más amplio de la sociedad
crea como expectativa más importante la de un ejercicio profesional óptimo y
responsable en beneficio del bien común el profesional no sólo desempeña una
función social que contribuye al bien común
también, y más específicamente. La responsabilidad asignada a los y las
profesionales, ha de estar regida por códigos de moral profesional, los cuales,
han de estatuir en sus normas el apego a ese fin común que está en el origen
mismo de las profesiones. Si en principio hemos necesitado de la regulación de
la conducta para la sobrevivencia del grupo primigenio, más ineludible será esa
coacción en una sociedad altamente compleja. La diversificación de los
requerimientos del grupo hace necesaria una marcada división social del
trabajo, y por ende, su especialización para cubrir dichos requerimientos. Esta
creciente dinámica social, precisa de la fijación de criterios orientadores de
la actuación de los y las profesionales que brindarán los servicios demandados
por la colectividad.
Finalidad
de la profesión docente
Todos los seres humanos poseen habilidades
que le son características. Estas habilidades le permiten ejecutar con mayor
facilidad ciertas actividades en su vida habitual. No obstante, cuando tales
habilidades no son afinadas mediante su constante ejercitación poca ventaja
podría sacarse de ellas, en el sentido de una mejor disposición hacia una
práctica particular. En educación, el conocimiento de que el ser humano es
propietario de ese acervo natural, supone el promover y ayudar a los y las
estudiantes en la adquisición del saber y el aprendizaje que permita la
depuración de esas habilidades y que esto redunde en el desarrollo competente
de Ética profesional docente: Un compromiso pedagógico humanístico una práctica
profesional. El uso de esas habilidades con un horizonte ético que tienda a la
plenitud humana y a hacerlas efectivas en lo social, también involucra el
sentido profesional del docente. La conciencia de que él y la docente son
mediadores permite hacer que el conocimiento ocurra desde el discente, con la
colaboración más no con la imposición del docente. Promover el desarrollo de
sus virtualidades en los y las estudiantes es un cometido deseable en el
profesional de la docencia, por ello, ha de impulsar responsablemente esa
constante perfectiva propia del ser humano, en cada uno y cada una de sus
discentes. Mejores docentes harán con mucha seguridad mejores alumnos y alumnas
y a la vez mejores profesionales, lo cual redundará significativamente en un
mejor país. El concepto de educación se trata de una finalidad inmanente e
histórica: formar el hombre para él mismo y para la sociedad, la pedagogía como
ciencia y actividad autónoma, cuya finalidad es rigurosamente humanista, puesto
que según ella el hombre debe ser educado para sí mismo, para su naturaleza y
para los valores universales de su conciencia.
Práctica docente
Práctica es cualquier forma coherente y
compleja de actividad humana cooperativa, establecida socialmente, mediante la
cual se realizan los bienes inherentes a la misma mientras se intenta lograr
los modelos de excelencia que le son apropiados a esa forma de actividad y la
definen parcialmente, con el resultado de que la capacidad humana de lograr la
excelencia y los conceptos humanos de los fines y los bienes que conlleva se
extienden sistemáticamente. Una práctica, cualquiera sea la profesión, tendrá
como referente modelos de excelencia construidos socio históricamente, según
sean los ámbitos coyunturales en los que se desarrolla. Todo modelo ha sido
generado como elemento unificador de criterios de comportamiento deseables,
para tender hacia y edificar la finalidad por la cual ha sido concebida la
normativa que rige tal práctica. En términos más puntuales, la funcionalidad de
los modelos consiste en ser referentes de actuación que recurren al llamado
tradicional para evitar lo antojadizo en las actuaciones profesionales. Por
consiguiente, Los modelos de excelencia y lo criterios que estos contienen,
ayudan al docente a discernir entre lo que su subjetividad le señala como bueno
y lo que deontológicamente se estatuye como bueno y deseable en la práctica. El
ejercicio de la profesión no puede remitirse única y exclusivamente a un
conglomerado de preferencias o apetencias personales respecto del ejercicio de
la misma. El profesional debe poseer conocimientos en su área de desempeño,
pero también debe tener presente siempre y sobre todo, ser consciente de ello,
que su práctica profesional tiene una relación “connatural” con quienes
requieren de sus servicios, pues, el profesional llena una necesidad, no la
crea.
Conclusión
La ética profesional es un pilar de la
formación integral universitaria porque complementa y enriquece, la ética
profesional se traduce en un conjunto de principios, criterios y valores
orientados a regular la conducta con la finalidad de que el egresado logre ser
un buen profesionista, es preciso señalar que este proceder ético que impulsa
no sólo afecta a la personalidad del profesionista, también tiene impacto en la
dimensión científica e innovadora de su quehacer profesional. La ética
profesional influye en la manera de realizar sus funciones o prestar sus
servicios, en el uso y aplicación de sus competencias profesionales y en la
orientación y finalidad de su quehacer profesional. Se recupera el principio de
la responsabilidad como una norma que rige al buen profesionista para mostrar
la forma como este principio fortalece sus competencias y capacidades
profesionales. La responsabilidad profesional implica capacidad para responder,
competencia para prestar un servicio y prestarlo bien. Esto conlleva a contar
con las capacidades y competencias profesionales para asumir ese servicio, pero
también incluye el imperativo moral de realizarlo bien. En el marco de la ética
profesional, prestar bien el servicio y/o realizar bien el quehacer profesional
significa preocuparse y ocuparse de ofrecer la solución o respuesta que demanda
la problemática o necesidad social. Significa también hacer uso al máximo de
las capacidades profesionales para dar cuenta de la preparación adquirida que
lo caracteriza como profesionista.
La propuesta de incluir la responsabilidad y
el criterio ético como parte de la formación en las competencias profesionales,
vincula directamente a la ética profesional con el saber hacer profesional, y
esto en lo personal me parece muy importante ya que cada profesionista le da su
propio sazón a su profesión, con los valores y costumbres ya inculcados desde
su casa y Hace posible aceptar que el
desarrollo de las capacidades profesionales no sólo involucra técnicas, sino
también requiere de normas, principios, pautas que guíen el uso y la aplicación
de esas competencias. El saber hacer no es un quehacer técnico, sino que
incluye capacidades para discernir, valorar, elegir y tomar decisiones para lo
cual la ética profesional se nos ofrece como un marco reflexivo que proporciona
los criterios, principios y valores en los que se sustenten las capacidades
transformativas del profesional. El paradigma de la interdisciplinariedad
constituye la opción que plantea las condiciones para que los proyectos
educativos puedan reconocer y asumir la conexión e interdependencia de la ética
profesional con los otros conocimientos y saberes que conforman esta formación.
Cabe mencionar que según mi criterio
personal, no sólo por tener una carrera profesional y estudiar los significados
de ética ya tenemos ética profesional si no que eso va más allá de lo que la
escuela pueda enseñarte, sino viene desde la cultura familiar y social en la
que te desenvuelves desde pequeño.
Referencias
Educación
docente. Recuperada de: http://www.sii.cl/destacados/sii_educa/contenidos/docentes/jovenes/27-OP-201405295056.pdf
La
ética docente recuperado de: http://www.ub.edu/obipd/docs/etica_del_docente._nerkisa._iraimaa..pdf
Reflexionando
sobre la práctica docente. Recuperada de: https://compartirpalabramaestra.org/blog/reflexionando-sobre-la-practica-docente
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