miércoles, 12 de diciembre de 2018

Griselda Zamorano Enríquez


Compromisos éticos del docente

Griselda Zamorano Enríquez

Se abordará como tema central el compromiso ético que debiera asumir el docente, en el marco de los retos sociales actuales y de las características y necesidades de la escuela. La escuela tiene un compromiso cada vez más amplio, en el sentido de que no sólo debe proporcionar conocimientos, sino también fomentar un conjunto de valores para responder a las demandas actuales culturales, políticas, familiares, morales, etc. Ante este panorama, es claro que la tarea de la escuela es compleja y parte fundamental de ésta, pero es el maestro quien tiene que dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje para lograr los propósitos educativos. La tarea de educar implica el manejo del aspecto psicopedagógico y del conocimiento disciplinar, en el marco de un contexto social. Si los fines que persigue la sociedad han de buscarse a través de la educación y si esto se traduce en generar el desarrollo integral del alumno como persona para que pueda desenvolverse socialmente y aportar algo al bienestar común, entonces la ética y la educación están íntimamente unidas.
Esto implica que todos los profesores manejen estos enfoques con la consigna de asumirlos, defenderlos y actuar en congruencia con ellos, convirtiéndose en elementos medulares del proceso educativo para el logro u obstáculo de los propósitos educativos. Esto conduce a otro ámbito, el del compromiso ético y social del docente, es entonces necesario plantearse la pregunta de cómo y hacia dónde debiera orientarse su labor, cuál es el nuevo rol para cumplir ante la comunidad educativa (alumnos, profesores, directivos y padres de familia) y ante la sociedad.
Se dice que la escuela ha sido rebasada por la realidad, pues lo que en ella se enseña no tiene relación con el mundo de la vida. Los fenómenos de desarticulación de las generaciones jóvenes en relación con la sociedad, de la pérdida de referentes, de la violencia en diversas manifestaciones, se ven hoy como el más grande desafío de los sistemas educativos, de los aparatos culturales y de las sociedades. (Fuentes M., 1999: 18). Esto implica, indirectamente, que la educación ha perdido también el rumbo
¿Hacía donde tiene que dirigirse la educación para reencauzar la escuela?
La formación de un ciudadano que sea capaz de responder a las demandas personales y culturales que el medio le plantea mediante la coherencia entre el juicio y la acción, atendiendo a criterios solidarios, justos, igualitarios y libertarios que la sociedad demanda para superar los problemas que nos aquejan e iniciar la construcción de una comunidad humana mejor.
Los valores son, finalmente el fin que debieran sustentar todo proyecto educativo. Se conciben como aquello que hacen que el hombre sea. Uno es en función de sus valores, es decir, de aquello a lo que se decide dedicar la vida y de la forma como se quiere vivir. Es así como un valor mantiene a las cosas juntas y, a la persona, íntegra y comprometida.” (Rugarcía, 1994:159)
Un actor fundamental es el docente, pues tiene que comprometerse a ir más allá de la trasmisión de conocimientos, ser portador de los valores que pretende introyectar en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, él tiene que ser el primer convencido de lo que enseña, por qué y para qué lo hace.
El área del docente conlleva un compromiso con su labor y, por ende, con la sociedad, ya que la representa, así como a su historia, cultura, conocimiento y sus valores. Todo esto lo compromete a cumplir con tal compromiso en los ámbitos del dominio de un campo de conocimiento, de saber cómo enseñarlo, pero sobre todo en lo que se refiere a su manera de ser. Esto último quiere decir que debe ser coherente con lo que dice y hace. Esta forma de actuar debe ser congruente con sus principios y valores personales, así como con los de la institución. Este compromiso ético con la educación abarca una actuación constante con ciertos principios, pues la percepción del alumno sobre su profesor lo influye considerablemente.
Para ello mencionare las 5 dimensiones establecidas por la SEP que hacen descripción al dominio fundamental del desempeño docente según ‘Perfil, Parámetros e Indicadores para Docentes y Técnicos Docentes’. que aplican para los tres niveles de educación básica. Cada dimensión cuenta con parámetros que también aplican para los tres niveles de educación básica, los cuales a su vez están acompañados de indicadores de éxito específicos a cada nivel.
Dimensión 1: Un docente que conoce a sus alumnos, sabe como aprenden y lo que deben aprender.
Dimensión 2: Un docente que organiza y evalúa el trabajo educativo y realiza una intervención didáctica pertinente.
Dimensión 3: Un docente que se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a los alumnos en su aprendizaje.
Dimensión 4: Un docente que asume sus responsabilidades legales y éticas inherentes a su profesión para el bienestar de los alumnos:
El ejercicio de la función docente en apego a los fundamentos legales, los principios filosóficos y las finalidades de la educación pública mexicana.
El establecimiento de un ambiente de inclusión y equidad, en el que todos los alumnos se sientan respetados, apreciados, seguros y en confianza para aprender.
La importancia de que el docente tenga altas expectativas sobre el aprendizaje de todos sus alumnos.
Dimensión 5: Un docente que participa en el funcionamiento eficaz de la escuela y fomenta su vínculo con la comunidad para asegurar que todos los alumnos concluyan con éxito su escolaridad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario