Compromisos
éticos del docente
Griselda Zamorano Enríquez
Se abordará como tema
central el compromiso ético que debiera asumir el docente, en el marco de los
retos sociales actuales y de las características y necesidades de la escuela.
La escuela tiene un compromiso cada vez más amplio, en el sentido de que no sólo debe proporcionar conocimientos, sino también fomentar
un conjunto de valores para responder a las demandas actuales culturales,
políticas, familiares, morales, etc. Ante este panorama, es claro que la tarea
de la escuela es compleja y parte fundamental de ésta, pero es el maestro quien
tiene que dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje para lograr los
propósitos educativos. La tarea de educar implica el manejo del aspecto
psicopedagógico y del conocimiento disciplinar, en el marco de un contexto
social. Si los fines que persigue la sociedad han de buscarse a través de la
educación y si esto se traduce en generar el desarrollo integral del alumno
como persona para que pueda desenvolverse socialmente y aportar algo al
bienestar común, entonces la ética y la educación están íntimamente unidas.
Esto implica que todos los
profesores manejen estos enfoques con la consigna de asumirlos, defenderlos y
actuar en congruencia con ellos, convirtiéndose en elementos medulares del
proceso educativo para el logro u obstáculo de los propósitos educativos. Esto
conduce a otro ámbito, el del compromiso ético y social del docente, es entonces
necesario plantearse la pregunta de cómo y hacia dónde debiera orientarse su
labor, cuál es el nuevo rol para cumplir ante la comunidad educativa (alumnos,
profesores, directivos y padres de familia) y ante la sociedad.
Se dice que la escuela ha
sido rebasada por la realidad, pues lo que en ella se enseña no tiene relación
con el mundo de la vida. Los fenómenos de desarticulación de las generaciones
jóvenes en relación con la sociedad, de la pérdida de referentes, de la
violencia en diversas manifestaciones, se ven hoy como el más grande desafío de
los sistemas educativos, de los aparatos culturales y de las sociedades.
(Fuentes M., 1999: 18). Esto implica, indirectamente, que la educación ha
perdido también el rumbo
¿Hacía donde tiene que
dirigirse la educación para reencauzar la escuela?
La formación de un ciudadano
que sea capaz de responder a las demandas personales y culturales que el medio
le plantea mediante la coherencia entre el juicio y la acción, atendiendo a
criterios solidarios, justos, igualitarios y libertarios que la sociedad
demanda para superar los problemas que nos aquejan e iniciar la construcción de
una comunidad humana mejor.
Los valores son, finalmente
el fin que debieran sustentar todo proyecto educativo. Se conciben como aquello
que hacen que el hombre sea. Uno es en función de sus valores, es decir, de aquello
a lo que se decide dedicar la vida y de la forma como se quiere vivir. Es así
como un valor mantiene a las cosas juntas y, a la persona, íntegra y
comprometida.” (Rugarcía, 1994:159)
Un actor fundamental es el
docente, pues tiene que comprometerse a ir más allá de la trasmisión de
conocimientos, ser portador de los valores que pretende introyectar en el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Por lo tanto, él tiene que ser el primer
convencido de lo que enseña, por qué y para qué lo hace.
El área del docente conlleva
un compromiso con su labor y, por ende, con la sociedad, ya que la representa,
así como a su historia, cultura, conocimiento y sus valores. Todo esto lo compromete
a cumplir con tal compromiso en los ámbitos del dominio de un campo de
conocimiento, de saber cómo enseñarlo, pero sobre todo en lo que se refiere a
su manera de ser. Esto último quiere decir que debe ser coherente con lo que
dice y hace. Esta forma de actuar debe ser congruente con sus principios y
valores personales, así como con los de la institución. Este compromiso ético
con la educación abarca una actuación constante con ciertos principios, pues la
percepción del alumno sobre su profesor lo influye considerablemente.
Para ello mencionare las 5
dimensiones establecidas por la SEP que hacen descripción al dominio
fundamental del desempeño docente según ‘Perfil, Parámetros e Indicadores para
Docentes y Técnicos Docentes’. que aplican para los tres niveles de educación
básica. Cada dimensión cuenta con parámetros que también aplican para los tres
niveles de educación básica, los cuales a su vez están acompañados de
indicadores de éxito específicos a cada nivel.
Dimensión 1: Un docente que
conoce a sus alumnos, sabe como aprenden y lo que deben aprender.
Dimensión 2: Un docente que
organiza y evalúa el trabajo educativo y realiza una intervención didáctica
pertinente.
Dimensión 3: Un docente que
se reconoce como profesional que mejora continuamente para apoyar a los alumnos
en su aprendizaje.
Dimensión 4: Un docente que
asume sus responsabilidades legales y éticas inherentes a su profesión para el
bienestar de los alumnos:
El ejercicio de la función
docente en apego a los fundamentos legales, los principios filosóficos y las
finalidades de la educación pública mexicana.
El establecimiento de un
ambiente de inclusión y equidad, en el que todos los alumnos se sientan
respetados, apreciados, seguros y en confianza para aprender.
La importancia de que el
docente tenga altas expectativas sobre el aprendizaje de todos sus alumnos.
Dimensión 5: Un docente que
participa en el funcionamiento eficaz de la escuela y fomenta su vínculo con la
comunidad para asegurar que todos los alumnos concluyan con éxito su
escolaridad.
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