Compromisos como futura educadora
Jazmín Itzel García Vindiola
Como futura docente es
importante tener en cuenta los valores y aptitudes que debemos demostrar ante
la sociedad, ya que es un ejemplo que debemos de dar para así tengan un buen
aspecto de las educadoras, ya que ésta no es una profesión muy valorada como
otras. Es importante resaltar el labor docente ya que es la profesión más
importante, porque gracias a ella es como se forman los demás profesionales.
Por eso es importante irnos formando durante nuestra estancia de estudio para
que nosotros conozcamos las conductas que favorezcan frente a la sociedad para
mejorar nuestra imagen ante ellos.
El docente no puede sustraerse a la responsabilidad de elegir valores
universales cuando ejerce su trabajo intelectual. La educación, como escribía
Hannah Arendt sobre los estudios, es comprender lo que sucede en el mundo, pero
también elaborar juicios para entender y dar respuestas a los acontecimientos y
para poder valorar los actos. Se trata de una tarea intelectual y moral, en medio de la complejidad de la
situación del aula y de la falta de liderazgo moral de importantes componentes
de la sociedad, que urgen al docente a que se ocupe de todo, con lo que deja de
ser docente.
Nuestra sociedad está fundada en el
conocimiento y lo que el docente debe comunicar es el amor por el conocimiento
a través de las distintas disciplinas, pero también la actitud cívica y moral
necesaria para una convivencia pacífica donde el conflicto se gestione a través
del diálogo. Una educación sin este doble componente es una educación
incompleta. El conocimiento,
necesariamente, no te convierte en ciudadano, como el título de profesor no te
convierte en docente, aunque te habilite para impartir clases.
Como docentes, no podemos permanecer
indiferentes. Hoy más que nunca la profesión docente debe estar vinculada a la
moral, y a la ética, a la vida política, al desarrollo sostenible y a la
‘economía verde’ y no especulativa. El trabajo del docente tanto a título
personal como colectivo debe ser capaz de activar ese “efecto mariposa”
definido por el meteorólogo Edward Loren, en su teoría del caos, donde cada
acción es importante por insignificante que parezca, pues puede provocar una
reacción en cadena en cada persona que conocemos, en cada escuela, en cada niño
y cada niña, como “el simple aleteo de una mariposa”, pues los problemas de
otras personas, de otros países, no los podemos mirar con indiferencia porque
ahora son nuestros problemas y en la resolución nos jugamos la vida de la
sociedad y del planeta.
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